Lo que debía ser una jornada de tranquilidad se transformó en una noche de angustia para los habitantes del Valle del Cauca. Las nubes cargadas que cubrieron el cielo desde temprano descargaron su furia sobre la cordillera, provocando que los caudales de los ríos superaran su capacidad en cuestión de minutos.
En la zona rural de Buenaventura, el rugido del río Pepitas despertó a los campesinos, quienes presenciaron una creciente súbita que arrastró lodo y piedras a su paso.
Simultáneamente, en Tuluá, el panorama era desolador: calles convertidas en auténticos ríos y familias intentando salvar lo poco que las inundaciones no se habían llevado.
La quebrada Cogollo también reclamó su espacio, saliéndose de su cauce habitual y anegando cultivos y viviendas aledañas. A esta hora, la Defensa Civil y el Cuerpo de Bomberos trabajan sin descanso en las labores de evacuación, mientras la comunidad del Valle del Cauca permanece en vilo ante el pronóstico de que las lluvias continuarán en las próximas horas.