Buenaventura, motor vital del comercio exterior colombiano, lleva dos meses sumida en un caos de movilidad que la estrangula. La vía de acceso y salida, su arteria económica principal, se ha convertido en un infierno de congestión que amenaza la eficiencia portuaria y el bienestar de miles de ciudadanos.
Calvario para la Logística Nacional
El colapso ya no es un pico, es un estado crónico. Los transportadores de carga pesada, responsables de movilizar la economía, enfrentan esperas inhumanas que se traducen en sobrecostos logísticos y graves retrasos en toda la cadena de suministro nacional.
“Cada jornada es frustrante; estamos perdiendo horas cruciales,” reportan los conductores, quienes ven cómo el tráfico consume su descanso y eleva el estrés.
A esto se suma la indisciplina: el afán de los conductores por ganar metros crea “nudos” irresolubles, llevando la paralización al extremo y demostrando una falta total de coordinación y respeto por el flujo general.
La Institucionalidad Ausente
El aspecto más indignante de esta crisis es la inacción flagrante de las autoridades. Pese a los dos meses de deterioro constante, la respuesta institucional ha sido inexistente.
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Sin Agentes: Ausencia total de agentes de tránsito para regular los puntos calientes.
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Sin Estrategia: Carencia de operativos de desvío o planes de contingencia para gestionar el flujo vehicular.
Esta negligencia no solo afecta la competitividad del país; es un ataque directo a la calidad de vida de los bonaverenses, quienes ven obstaculizado su acceso a servicios de salud y sus compromisos laborales.
Buenaventura exige una respuesta ya. El principal puerto del Pacífico no puede seguir aislado y asfixiado por la ineficiencia y la falta de estrategia. La emergencia vial demanda una intervención coordinada e inmediata para liberar las vías y asegurar el derecho al libre tránsito y la eficiencia económica de Colombia.